[11:30 AM] Es el día 14 de Septiempre de 2015. Estoy en la Central Camionera vieja esperando mi camión con rumbo a Cuexcomatitlán. Según la señorita que vende los boletos, sale a las 12:05 PM. Falta media hora.
Debo decir que al salir de mi casa me sentí algo preocupado. Por fin me había decidido a conocer tierras extrañas en un plan no turístico. Me sentí un poco nervioso por que, según entiendo, la situación en el municipio de Tlajomulco en cuanto a seguridad no es muy buena.
El lugar a donde voy es una colonia, la Sergio Barrios, fundada por una asociación de más o menos unas 500 personas de diferentes grupos indígenas.
La imagen de cómo creo que será mi llegada no deja de darme vueltas por la cabeza. Es más o menos así:
Llego a un pueblo hostil sumido en la pobreza. No confiarán en mí y tendré bastantes problemas para explicar mis motivos para estar ahí. Los líderes indígenas incluso piensan que soy un espía. Ellos son o pertenecen a una sola etnia, lo que crea conflictos con los demás grupos de la comunidad. En la carretera acechan peligros constantes, no estoy convencido de que todo ahí es seguro. Creo que he visto demasiado "blogdelnarco".
Cuando voy en el camión de la ruta 604 escucho en el radio "spots" del gobierno de Tlajomulco que dicen que se ha hecho obra pública "como nunca antes". Eso contrasta con lo que he leído en periódicos e internet sobre la colonia Sergio Barrios, que según entiendo, no tiene ni agua corriente.
Ya son las 11:51 AM, el camión no debe tardar. La compañía "Autotransportes Guadalajara, Chapala S.A. de C.V." tiene muchos camiones que salen cada hora a Cajititlán. Veo que en el módulo, hay incluso gringos comprando boletos. Quizás van a Ajijic.
Ya son las 12:10 PM, abordé el camión. Al menos es cómodo. Como estaba diciendo, me imagino que las situaciones siempre tendrán un grado de peligrosidad. Pero bueno, en este país, este estado y esta ciudad, ¿quién está seguro? Lo más pertinente, en todo caso, es hacer una oración antes de partir (por si las moscas)... ¡Listo! De nuevo... ¿qué espero encontrar? La verdad he sido algo pesimista al respecto. Si logro encontrar a alguien que no esté muy ocupado y que además hable español, seré muy afortunado. Espero que allá haya señal de teléfono. Sin más, espero llegar sin problemas. Puedo notar que la ansiedad va desapareciendo.
[2:20 PM]. Justo llegando a Cuexcomatitlán, pregunté por la colonia Sergio Barrios. Nadie la conoce por ese nombre. Bastó con decirles que ahí viven indígenas para que inmediatamente me supieran dar instrucciones para llegar. El "pueblito" de Cuexcomatitlán parece estar bien urbanizado. Cuando menos si hay casas de ladrillo y enjarre y también hay una unidad deportiva de bastante buen ver. Por otro lado, la Sergio Barrios tiene solo un par de líneas en cada calle con cables que no son para ese tipo de instalaciones. Hay terrenos para la milpa en las faldas del cerro y un camino de terracería que lleva a un cruce entre otros dos caminos. Justo en el cruce hay una especie de nicho con un Cristo protegido con ventanas de vidrio. Junto a la colonia hay una propiedad bardada con cantera y herrería, bastante grande. Parece ser que junto a la colonia hay también ganaderos.
Las casas de la Sergio Barrios son, en su mayoría, de tabla, lona y/o paneles de plástico. Son alrededor de cuarenta, dispuestas a lo largo de tres calles principales. Tomé algunas fotografías de la terracería y comencé a caminar por la calle Purépecha. En este momento considero que fue un error haber escogido esta calle, más adelante diré por qué. La calle (e incluso la colonia) parecía deshabitada. Cuando llegué hasta una casa que tenía un carro estacionado afuera escuché a dos hombre platicando. Dudé en tratar de hablar con ellos, creía que posiblemente no hablaban español. Ellos me vieron y uno de ellos salió diciendo "buenas tardes joven, ¿qué se le ofrece?". A este hombre lo conocería después como "Choco". En ningún momento quiso darme su nombre. Después salió su primo, a quien por el momento llamaré primo F. Los dos habían estado tomando alcohol de caña con fanta. Choco estaba entero, pero el primo F estaba bastante borracho, aunque podía articular bien sus ideas.
Al principio, antes de que me dijeran sus nombres, me presenté y ellos inmediatamente me tendieron la mano. Les dije que soy estudiante de la UDG y que estoy haciendo un trabajo para la escuela. En seguida me invitaron a charlar bajo la sombra de un árbol y nos sentamos en unas piedras (en este cerro hay piedras muy peculiares, similares a las que se usaron en la construcción del templo que está en el Cerro de la Reina, en Tonalá). Me dijeron que son otomíes, que en la colonia hay tres calles y que estábamos en la calle purépecha, y se burlaban diciendo que se llamaba calle "pura pucha". Por la forma en la que hablaban, me pareció que hay ciertas tensiones entre los grupos. Me dijeron que son los líderes quienes los organizan y que se reunen todos los domingos. F se dice representante, pero a mi me pareció que existía la posibilidad de que se estuviera haciendo pasar por representante para vender información. También percibí cierta renuencia a hablar directamente de otros grupos que no son otomíes. En realidad eran renuentes a hablar de todo, pero especialmente sobre eso. Luego me preguntaron lo que ya me había imaginado: ¿quién es tu contacto?, ¿vienes de la CDI, del CI?, ¿quién te mandó?, ¿quién te recomendó?, etc. Les dije que yo no sabía ni conocía a nadie de la CDI (Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas) ni del CI (quién sabe que demonios sea eso), ni de ninguna organización. El primo F, testarudamente insistía en que yo venía de alguna institución y me dijo que si quería respuestas, diera también respuestas. Choco estaba siempre más calmado y le decía a su primo que se tranquilizara cada vez que alzaba la voz. El primo F le hacía caso.
Después me contaron que otras personas ya habían ido antes. En particular una persona "de lentes" que tenía un proyecto que quería implementar y que no duró más de quince días en la colonia. No quisieron decirme el nombre de la persona, me preguntaban cuánto les iba a dar por esa información. Me dijeron que si lo que quería era investigar cómo se organizan, que hablara con los líderes. Entre ellos, un tal Nicolás. Clara, directa y tajantemente (como ya lo había supuesto) me hicieron saber que no confiaban en mí. Les dije que el propósito de la investigación era saber cómo se organizan y cuáles son los servicios que les hacen falta. Me dijeron que cuentan con luz y que les hace falta agua, pero no es que no tengan, si no que solo tienen tres contenedores que son llenados por pipas cada cierto tiempo. Tampoco tienen drenaje y no ven la hora en que el gobierno lo vaya a instalar.
En ese momentó pensé que F era un oportunista. Me pidió, con el apoyo de su primo, que les hiciera favores. Uno, que hiciera un "escrito" en el cual detallara la razón por la que yo estaba ahí. Ese escrito lo llevarían ante un tal Lic. Mario para verificar que todo estaba en orden. No entiendo esto, pues les expliqué varias veces que yo no soy de la CDI y que tal cosa no tiene caso ni sentido. A este punto comenzaban a ponerme de malas. Segundo, querían que yo les resolviera el problema del agua, gestionando con el presidente municipal Ismael del Toro. Les dije que yo no conozco a esa gente y que no estaba en mi poder resolver su problema, y que sin embargo el tipo de investigación que quiero hacer puede servir como base para la posterior formulación de un plan específico del gobierno que los ayude a resolverlo, y que aun así, no podía prometerles que los puedo ayudar de esa forma. No los convencí. Les dije que para mí era perfectamente comprensible que desconfiaran de mí. Al principio el primo F comenzó a tomar un tono agresivo, y a los pocos minutos, entre respuestas y preguntas, Choco también. Yo trataba de responder tranquilamente, pero como dije antes, comenzaban a fastidiarme, al punto que tampoco dejaba que me impusieran su carácter ni que me inspiraran miedo. F decía que él era otomí y que era "banda". Que si volvía a ver al tal hombre "de lentes" le iba a partir su madre. Que los de Cuexcomatitlán habían tratado una vez de quemar sus casas y que ellos habían salido con machetes "a los putazos". Sé que lo decía esperando que yo mostrara temor, pero la verdad es que solo me parecía tedioso y enfadoso, en ningún momento tuve miedo. Finalmente entre cuestionamientos y sospechas me estaba haciendo a la idea de que lo mejor sería decirles que si no me querían decir nada simplemente no lo hicieran, que se fueran al carajo. Pero mejor les dije que yo no venia a sacarles respuestas por la fuerza, que lo que yo quería era conocer y que si no querían hablar, pues ni modo. F insistía con lo mismo, así que mejor opté por responderle cortantemente. Algo pasó, tal vez mis respuestas cortantes o mi silencio lo interpretaron como vulnerabilidad. Dejaron de hostigarme. Poco a poco comenzaron a sentirse más cómodos.
Después de que el primo F se apaciguó, tomó una actitud muy amiguera, casi culposa por haberme presionado de esa manera. Me dijo su nombre, y su primo Choco lo pensó durante varios segundos antes de darme su apodo. "Choco nomás, aquí me conocen así... por negro", dijo. Después de esto llegó una mujer, la esposa de Choco, y se sentó junto a nosotros. Sospecho que le interesó lo que ellos pudieran decirme, tal vez pensó que dos borrachos me dirían más de la cuenta. F se ofreció a llevarme a recorrer la colonia y quiso que su primo lo acompañara, pero Choco prefirió quedarse con su mujer. Noté que no se sentía cómodo con la idea de mostrarme la colonia. F me presentó con algunas personas, cuyos nombres no recuerdo y no anoté, pues en realidad no tenía ya tanto tiempo para conversar.
Subíamos la pendiente y me di cuenta que, al menos en apariencia, F no tiene buena condición física. Se cansaba fácilmente y sudaba como si estuviera en el trópico. Pedía descanso y sombre cada cinco minutos. Yo no tengo buena condición, pero me sorprendía que F se cansara tan rápido. Quizás era la deshidratación por el alcohol. Después me mostró su casa. El le llama "choza". Es de tablas y bolsas de plástico. Tiene un gallinero, varios perros y una pileta con un montón de trastes sucios y amontonados. Algunos en el piso.
Seguimos caminando cuando de repente sucedió lo que también había sospechado antes: comenzó a pedirme que le comprara un "10" (que son $10 pesos de alcohol de caña) en la tiendita de la colonia. Cuando me pedía que le invitara un 10, creí que se refería a diez cervezas. Le dije que no tenía mucho dinero. Se resignó y me dijo que me acompañaría al camión, pues yo le había dicho que ya tenía que irme. En el camino platicábamos de cosas medio triviales. Me dijo que es de Querétaro y que ahora vive mejor que allá. Me contó de cuando trataron de quemar sus casas durante la noche y que tiene hijos que asisten a la primaria de Cuexcomatitlán, el "pueblito". Le pedí que me enseñara a hablar otomí, y me dijo unas cuantas cosas como las palabras para "perro", pero como hablaba alcoholizado no le entendía mucho, no sabía si estaba pronunciando una palabra o muchas. Sergio Barrios, segun me dijo, tiene que ver con el pueblo otomí. No quiso darme muchos detalles.
Cuando llegamos al Circuito Metropolitano me pidió de nuevo que le comprara un 10. Yo pensé que de alguna forma debia agradecerle que me mostrara su colonia y le dije estaba bien, que le compraría dos (recordemos que yo creía que se referia a diez cervezas). "¡Un 10!", insistía. "¿Cómo que un 10?", pregunté. La muchacha de la tienda me dijo que un 10 eran $10 de alcohol. Así que pues accedí a comprarle un 10 y una cerveza XX lager. Pensé también que si no le compraba nada sería más difícil acceder la próxima vez. Antes de despedirnos me preguntó cuándo iba a volver, le dije que en la semana o hasta el Domingo. Me ofreció llegar a su casa y volvió a tenderme la mano. Yo me despedí y me alejé un tanto desconcertado. Pensé que sería insostenible la situación si cada vez tuviera que comprarle alcohol. Desde luego algo que tendré que reflexionar, quizás sea mejor contactar a otras personas en mi próxima visita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario